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> El Sagrado Aroma del MundoHesperus, José J. Olañeta Editor, 1996 El Indio y la Naturaleza « Con esta pipa de misterio caminaréis por la Tierra; pues la Tierra es vuestra Abuela y Madre, y es sagrada. Cada paso dado sobre ella debería ser como una plegaria. La cazoleta de esta Pipa es de piedra roja, es la Tierra. Este bisonte joven que está grabado en la piedra, y que mira hacia el centro, representa a los cuadrúpedos que viven sobre vuestra Madre. El cañon de la Pipa es de madera, y esto representa todo lo que crece sobre la Tierra. Y estas doce plumas que cuelgan de donde el cañon penetra en la cazoleta son de Wambali Galeshka, el Aguila Moteada, y representan al Aguila y a todos los seres alados del aire. Todos estos pueblos, y todas las cosas del Universo, están vinculadas a ti, que fumas la Pipa; todos envian sus voces a WakanTanka, el Gran Espíritu. Cuando oráis con esta Pipa, oráis por todas las cosas y con ellas » Amo la tierra y el bisonte, y no quiero separarme de ellos... Quiero que los niños se críen como yo me crié... No quiero establecerme. Adoro vagar por las praderas. Allí me siento libre y feliz, pero cuando nos establecemos nos volvemos pálidos y morimos. La Tierra es nuestra madre. No deben molestarla con la azada ni el arado. Solo queremos subsistir de lo que nos da libremente. Lo que acaece a la Tierra, les acaece también a los hijos de la Tierra. Cuando los hombres escupen a la Tierra, se están escupiendo a si mismos. Pues nosotros sabemos que la Tierra no pertenece a los hombres, que el hombre pertenece a la Tierra. Eso lo sabemos muy bien. Todo esta unido entre sí, como la sangre que une a una misma familia. Todo está unido. Lo que acaece a la Tierra, les acaece también a los hijos de la Tierra. Dondequiera que fuesen los lakotas, allí estaban en compañía de la Madre Tierra; fuera cual fuese el lugar por el que vagaban de día o dormían de noche, allí estaban a salvo en su compañía. Esta idea consolaba y alentaba en todo momento a los lakotas, que por ello sentían una gratitud eterna hacia la tierra. El templo del indio era el propio mundo de la naturaleza y dentro de este santuario mostraba un gran respeto hacia toda forma, función y poder. El que el indio considerase sagradas todas las formas naturales que le rodeaban no constituye un hecho único, pues otras tradiciones (el Shinto japonés, por ejemplo) respetan las formas creadas como manifestaciones de las obras de Dios. Pero lo que es casi único en la actitud del indio es el hecho de que esta veneración hacia la naturaleza y hacia la vida es un aspecto central de su religión: cada forma del mundo que le rodea lleva en si tal cantidad de valores y significados precisos que tornados en conjunto constituyen lo que se podria denominar su «doctrina». Las criaturas inferiores son fragmentarias, pero no tienen tan sólo ese aspecto «accidental» que permite al hombre matarlas y usarlas para su alimento; tienen también un aspecto «esencial» a causa de su simbolismo concreto por una parte y de su «anterioridad» por otra: Nosotros no creíamos que las praderas infinitas, las hermosas colinas y los susurrantes arroyos rodeados de enmarañada maleza fueran «salvajes». Sólo el hombre blanco creía en la «naturaleza salvaje» y sólo él creía que la tierra estaba llena de animales «salvajes» y de pueblos «salvajes». Oh Madre Tierra, oh Padre Cielo, Habeis visto que todo lo que hace el indio lo hace en un círculo, y esto es así porque el Poder del Mundo siempre actua en círculos, y todas las cosas tienden a ser redondas. En los días de antaño, cuando éramos un pueblo fuerte y feliz, todo nuestro poder nos venía del círculo sagrado de la nación y en tanto el círculo no se rompió, el pueblo floreció. El árbol florido era el centro vivo del círculo y el círculo de las cuatro direcciones lo nutría. El Este daba la paz y la luz, el Sur daba el calor, el Oeste daba la lluvia, y el Norte, con su viento frío y potente, daba la fuerza y la resistencia. Este conocimiento vino a nosotros desde el mundo exterior con nuestra religión. Todo lo que hace el Poder del Mundo se hace en un círculo. El cielo es circular, y he oido que la tierra es redonda como una bola, y también las estrellas son redondas. El viento, en su fuerza máxima, se arremolina. Los pájaros hacen sus nidos en forma de círculos, pues tienen la misma religión que nosotros. El sol sale y se pone en un círculo. La Luna hace lo mismo y ambos son redondos. lncluso las estaciones, con sus cambios, forman un gran círculo, y siempre regresan donde estaban. La vida del hombre es un círculo de infancia a infancia y así es en todas las cosas en que se mueve el poder. Nuestros tipis eran circulares como los nidos de los pájaros y estaban siempre dispuestos en círculo, el círculo de la nación, un nido hecho de muchos nidos en el que el Gran Espíritu quería que cobijásemos a nuestros hijos. Amigo mío, volverán de nuevo. |
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