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Laguna de Aculeo (detalle) , 1878. Óleo sobre tela. 86 x 150 cm. Onofre Jarpa (1849 - 1940)

Aculeo: Breve Reseña Histórico - Cultural
de la Antigua Hacienda.

por Juan José Letelier

El nombre etimológico de Aculeo proviene de las voces araucanas “Acuñ-leuvu”, que quiere decir: lugar donde se juntan las aguas.

La zona de Aculeo fue  asiento de población indígena antes de la llegada de los españoles y debió haber sido bastante numerosa y desarrollada pues se han encontrado variados utensilios de greda, de piedra e incluso cementerios  completos con vasijas intactas, tejidos y semillas.

Como todas las haciendas de la zona central de Chile, Aculeo no solo siguió el esquema económico de producción agrícola, sino como una forma de vida, muy auténtica, donde los propietarios o hacendados controlaban también los aspectos religiosos, educativos y sociales de sus inquilinos.

Desde mediados del siglo XVI se sucedieron varias encomiendas, hasta que en 1738, la Hacienda de Aculeo, fue adquirida por la familia Larraín. Hasta 1861 la Hacienda Aculeo estaba ligada al mayorazgo de la familia Larraín  Gandarillas, muy poderosa e influyente que contaba con numerosas propiedades en la zona central y entre cuyos miembros se encontraban no pocos políticos, ministros y uno de cuyos hermanos era, a  la sazón, el Arzobispo de Santiago, Don Joaquín Larraín Gandarillas.

El centro de la Hacienda era lo que hoy es El Vinculo, cuyas casas patronales, la iglesia y construcciones adyacentes, con mas o menos modificaciones, datan de  principios del siglo XIX y aún del siglo XVIII.

Don Patricio Larraín y su hermano Francisco de Borja, hombres muy emprendedores, tenían  a su cargo la explotación de Aculeo así como de otras propiedades como Mallarauco y Mostazal y mantenían a su vez a sus numerosos hermanos y hermanas, otros familiares y sus residencias en Santiago.

Don Patricio se embarcó en una  obra gigantesca, muy meritoria y  muy lucrativa después, como fue la construcción del canal de Mallarauco, que desvía las aguas del Mapocho y riega todo el valle de Mallarauco  y que sigue en funciones hasta hoy día.

Por cartas entre él y Don José Letelier se da a entender que este enorme trabajo lo dejó en bastantes malas condiciones económicas y decidió vender algunas de sus numerosas propiedades agrícolas. Sin embargo, le tenía especial cariño a Aculeo y le ofreció a  Letelier otras propiedades a la venta, incluso  la propia Hacienda Mallarauco.

Don José y Don Wenceslao Letelier Sierra poseían vastas tierras en la zona de Llay Llay cuyo centro era la Hacienda Vichiculén. Además tenían pertenencias mineras en Catemu que explotaban con bastante éxito. Dada la extraordinaria existencia de bosques y especialmente  de espinos que existían aquí y por lo tanto de carbón, fundamentales para la fundición del mineral en primitivos hornos, los hermanos Letelier insistían en la compra de Aculeo, hasta que muy a su pesar, Don Patricio Larraín vendió la parte llamada Aculeo adentro, que comprendía la Laguna propiamente tal y todas las tierras y cerros adyacentes en $280.000 oro de 18 peniques (sacado de un apunte manuscrito de Don Miguel Letelier)

Él se reservó  la parte agrícola neta que hoy día es El Vínculo, Abrantes, Peralillo, etc. Se calcula que entre ambas partes la Hacienda Aculeo contaba con cerca de 50.000 Has.

Los alrededores de la Laguna permanecían casi totalmente deshabitados, cubiertos por densos  e impenetrables bosques y  con una sorprendente fauna, tanto terrestre como acuática, que impresionó vivamente  a diversos viajeros del siglo XIX y aún antes, entre ellos a la pintora y escritora inglesa María Graham, quien realizó la primera pintura de la Laguna de Aculeo, durante su visita en el trayecto de un viaje a Graneros en 1823, grabado muy difundido hoy en día.

Lo que sí se explotaba y eran  muy apetecidos en Santiago, fueron los pejerreyes de Aculeo, cuyo rubro como explotación del predio debió ser bastante  importante pues existen libros de contabilidad de antes de 1840 que dan cuenta de su pesca y acarreo a Santiago en grandes canastos, de madrugada a todo galope de postas de caballos.

El mineral de Catemu llegaba en los primeros años en carreta con bueyes, para ser fundido en lo que hoy es el poblado de Los Hornos, para ser luego reexpedido en forma de metal, por el mismo medio a Valparaíso. Muy luego el ferrocarril vino a modificar y a alivianar esta ímproba e increíble actividad.  Sin embargo, paralelamente,  las faenas agrícolas y ganaderas fueron tomando mucha importancia a tal punto que calculamos unos 15 años. Después, las actividades mineras disminuyeron y hacia 1888 habían cesado completamente.

Las actuales casas datan de los primeros años de la compra de la Hacienda, vale decir entre 1861 y 1865 y que con muy pocas modificaciones, salvo  las necesarias tras los terremotos de 1906 y 1985 y la supresión de una ala Norte, construida precisamente después de 1906, son las que se ven actualmente.

 Don José y Don Wenceslao  Letelier  decidieron entonces separarse comercialmente y es así como don Wenceslao quedó con las tierras de Llay Llay y su matrimonio con  doña Benigna Valdes Ortuzar dio origen a una familia solo de hijas mujeres, cuyos descendientes aún tienen tierras en esa zona y que por esa razón, el apellido por línea de varonía se extinguió en esa región.

Don José Letelier quedó en Aculeo y casó con doña Edelmira Espínola Mardones,  hija de  grandes terratenientes de la zona de Los Andes, bastante menor que él, la que le dio dos hijos varones don Miguel y don José Letelier Espínola.

En 1891 doña Edelmira Espínola  enviudó y quedó practicamente sola a cargo de la Hacienda con sus dos hijos aún pequeños .

Desde  la compra de la hacienda, los hermanos Letelier habían traido desde la zona de Llay Llay numerosas familias que vinieron a habitar estas tierras y cuyos decendientes son en su gran mayoria las que la pueblan hoy día.

Doña Edelmira Espinola, alrededor de 1893 o 94 entró en negociaciones con doña Pilar Valdes, su vecina, también viuda de don Patricio Larraín y cuyos resultados fueron la compra de "Aculeo Afuera", es decir lo que hoy dìa es Vinculo, Peralillo, Abrantes, Huticalán con todos los cerros correspondientes que dan hacia el Sur. (El deslinde de las dos Haciendas corría por el camino principal  desde Abrantes hasta La Gruta y de ahí hacia el Alto del Cantillana) Asì la primitiva Hacienda quedò nuevamente en una sola mano.

La inmensa hacienda se transformò ràpidamente en una eficiente unidad agropecuaria con una enorme producción agrícola y ganadera.

El centro administrativo  se instaló definitivamente en Pintué  y las antiguas casas del Vinculo se destinaron a residencia de administradores y empleados superiores. Doña Edelmira manejó con mucha energía y acierto sus propiedades, ayudada en un comienzo por su hermano Marcial. En la Hacienda se hacía una intensa vida social y el gran coche de trompa estaba a todas horas enganchado para salir a buscar los amigos, parientes, obispos, políticos que llegaban a la estación de Hospital en el tren del Sur. Entre ellos, muchos de los grandes pintores chilenos de esa época, tales como  Pedro Lira, Onofre Jarpa, Enrique Swinburn, Helsby y otros  visitaron asiduamente la Hacienda  dejando numerosas telas de hermosos paisajes que aún se conservan en la familia. En l912 se le ofreció, en el marco de los festejos oficiales, un gran almuerzo al Presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt, cuyo recuerdo perduró largos años  en la memoria de los habitantes de Aculeo, como  en el público en general, especialmente  el magnífico tren presidencial estacionado en Hospital y la caravana de carruajes transportando a  tantos conspicuos personajes nacionales y extranjeros.

De los últimos años del siglo XIX  data la iniciación del criadero de caballos ACULEO como tal, pues desde tiempos inmemoriales existía una enorme masa caballar, destinada especialmente a las trillas,  pero además don José Letelier de preocupó se formar una selección con yeguas nativas y otras traídas de diferentes fundos de la zona central, y logró formar con mucha rigurosidad, un plantel  de buena calidad y muy homogeneo.

Su hijo, Don Miguel Letelier y su hermano José, únicos hijos de doña Edelmira Espínola, se dedicaron desde muy temprana edad con entusiasmo a los deportes ecuestres y a la cría de caballos y en poco tiempo formaron  sino el mejor, el más renombrado plantel de reproducción de caballos chilenos del país. De uno de sus potros, el Azahar , se definió el prototipo de la raza que rige hasta hoy día la Raza Caballar Chilena.

La escultura original de dicho potro, realizada en bronce y diseñada por  el escultor Federico Casas y supervigilada estrechamente por Don Miguel Letelier y Don Francisco Encina, entre otros, permanece aún en la familia. A su vez en las exposiciones agropecuarias de la Quinta Normal, sus productos arrasaban con los premios.

La marca que se usó siempre en todas las pertenencias de la Hacienda, así como para los bueyes y especialmente para los caballos del criadero y que todavía se usa en el criadero Aculeo, que ahora pertenece a la Hacienda Los Lingues, es una V entrelazada con una A, es decir, Aculeo –Vichiculén. Hay otra versión de que la V corresponderìa a Vinculo por ser  esa hijuela la mas antigua de Aculeo. Pero la verdad es que corresponde a Vichiculen, en Llay- Llay, donde los hermanos Letelier tenìan sus primitivas propiedades.

Los caballos de raza y la enorme cantidad de animales vacunos que se criaban en los cerros y se engordaban posteriormente en los potreros, dieron origen a una larga y amplia tradición huasa de apartas y amansas y sobre todo de los famosos rodeos de Aculeo, a los que acudían los mejores jinetes del país. Junto a ello, un crecido número de vaqueros, amansadores, arregladores y jinetes corraleros, casi todos empleados "de a caballo", como se los llamaba, formaron verdaderas leyendas. Los vaqueros y arrenquines en sus correrías por los interminables cerros laceando animales perdidos en los densos bosques de robles o por abruptos espinales  y roqueríos del Horcon de Piedra  o hundidos en la nieve en invierno, tapados solo por algún poncho liviano, en miles de anécdotas, jocosas, admirables y no pocas trágicas, todas verdaderas hazañas ignoradas, solo comentadas alrededor de una gran fogata  en una noche estrellada en los Altos de Cantillana o en un rodeo, alardeando las magníficas cualidades de tal o cual caballo. Famosos eran los rodeos de Aculeo  durante los cuales, miles de cabezas de ganado eran bajadas de los cerros,  cuando se llenaban los caminos y los corrales, en un trabajo agotador y absorbente de un ganado casi salvaje al cual había que apartar, marcar, castrar y reconocer , en fin, saber su destino. Todo esto daba para hacer florecer las mejores  cualidades de los vaqueros, de su destreza como hombres de cerro, eximios laceadores, conocedores de todas las marcas y señales de todos los animales, tanto del fundo como los “ajenos”, de todos los rincones del cerro, de todas las veleidades de tanto caballos como vacunos. A su vez era la ocasión para grandes fiestas en la que participaban hacendados de todas las regiones, acompañados de gran cantidad de caballos y atendidos por numerosos empleados y peones los que ponían la nota alegre y folclórica por varios días. Prácticamente toda la población participaba  en forma activa y entusiasta dado también que todos poseían caballares y animales en el cerro, los cuales bajaban juntos con los de la Hacienda.

Don Miguel y Don Jose Letelier fueron entusiastas cultores de todos los deportes ecuestres y participaban activamente tanto en los rodeos como en las apartas y en los recorridos por largos dìas en el cerro junto a los vaqueros y empleados de campo.

La Hacienda se trabajaba como un todo, intensamente. En Rangue se plantó una viña y se construyó una bodega de vinos de la que salían muy buenos mostos, que se embotellaban y salían al mercado como Viña Aculeo. Enormes extenciones de trigo, maiz, maravilla, pastos y engordas se sucedìan, fuera de las famosas sandìas de Aculeo, en los generosos potreros regados por las bombas que sacaban el agua de la laguna. Había industrias de cáñamo y todos los materiales para las numerosas construcciones, como ladrillos, tejas, adobes, pastelones, carpintería de madera en ventanas y puertas, herrerìa, etc. se hacìan integramente en el fundo.

Había almacenes, teatro, iglesias, poloclìnico, escuelas, canchas de deportes, en fin, todo lo que la numerosa población necesitaba.

Don Miguel, paralelamente hacìa su vida de profesor universitario en Santiago. Fué varias veces ministro de estado, diputado, Presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura y de varias otras entidades agrícolas.

En 1906 don Miguel casó con Doña Luisa Llona Reyes  cuya decendencia fueron Alfonso, Marta, Luz, Jose, Guillermo y Consuelo Letelier Llona, propietarios mas tarde de Aculeo, cada uno en su hijuela.

Don Miguel y Don José  se repartieron la Hacienda  en el año 1922, quedando don Miguel, mi abuelo, con la parte podemos decir de “adentro” que incluía la Laguna y sus tierras y cerros adyacentes. Para esta partición, Doña Edelmira pidió a su hijo Miguel, ingeniero graduado en Lovaina, Bélgica que hiciera el plano de la hacienda  y  lo dividiera en forma equitativa. Una vez hecho los reunió a ambos y les dijo : “ Miguel parte y José elige”. Salomónica y sabia decición que nunca causó problemas, dada la complejidad y extención de las tierras.

En 1933 falleció don José Letelier prematuramente y sus descendientes vendieron sus tierras. Don Miguel les compró algunas y redondeó su gran hacienda  que por aquellos años vivió su máximo esplendor.

El criadero de caballos también por esos años lucìa sus mejores productos, tanto en rodeos como en las exposiciones de la Sociedad Nacional de Agricultura en la Quinta Normal.

En 1956 Don Miguel Letelier repartió su Hacienda entre sus 5 hijos quedando Guillermo con Peralillo, Josè con Pintuè, Marta con La Huachera, Luz con Los Hornos y Alfonso con Rangue. Cada uno siguió trabajando su fundo en forma independiente y él se reservó las casas de Pintuè , el parque y  sus potreros adyacentes.

En 1972 los fundos fueron expropiados en el marco de la Reforma Agraria y hoy dìa forman cientos de parcelas la mayor parte transformadas en  parcelas de agrado.                                  

Desgraciadamente los terremotos terminaron por echar por tierra el hermoso y notable granero de dos pisos que se encuentra en el antiguo corralón de Pintué,  como también las enormes caballerizas del criadero Aculeo. Por sucesivas herencias estas casas pertenecen hoy a las familias Bernstein Letelier y Letelier Vial que las conservan y las aprovechan plenamente.

En Rangue  existen las casas patronales  con una maravillosa vista sobre el lago como también vestigios de lo que fuè la bodega de vinos, corralón, centro social, graneros y bodegas.